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En las entradas publico algunos de mis textos literarios, entrevistas, crónicas y las noticias más relevantes sobre mi trabajo creativo.

También encontrarás las disertaciones y reseñas que escritores amigos han hecho sobre mi obra.

En el LECTOBAR puedes leer mis publicaciones literarias en diversos géneros 
(poesía, teatro, narrativa, ensayo).

Asimismo, comparto contigo algunos contenidos audiovisuales en el videOBAR
(lecturas, bautizos, presentaciones).

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Divertimentos

Acerca de la inesperada suerte de AMADA BEGOÑA



Comentarios al margen de Krístel Guirado para la Sra. Infante


¡Ando muy muy emocionada! ¡Demasiado! Para Begoña y para mí, hacer "este" poemario constituyó un divertimento -en el sentido estricto de la forma musical- un compendio corto de poemas eróticos donde el verso no tuviera la pretensión de la hondura, una caja de zapatos que abrigara las voces atesoradas del otro. No imaginamos -Begoña menos que yo- que su lectura nos daría la dicha del ritornello -en el sentido literal y musical del término. Confieso que nos daba miedo la independencia del poemario, esa rebeldía suya de andar haciendo lo que le da la gana. Begoña está resentida conmigo por publicarlo; ella está convencida de que sus gavetas anidan asuntos más pertinentes para el lector y formas más elaboradas de la literatura. Teme mucho pasar por frívola. Yo -que tengo un cuartico asegurado en el círculo infernal de la vanidad y la banalidad- intento inútilmente compartir con ella mi emoción. 

Bautizo del libro "Amada Begoña" - Librería La Mancha - Krístel Guirado y Francisco Issa
Podría contarles varias anécdotas, pero no dispongo de mucho espacio. Así que me limitaré a ilustrarles mi punto respecto a Begoña con una de ellas. En la FILVEN 2014, después de bautizar el libro y leer los poemas, un señor de unos setenta años pidió la palabra y me dijo: "Dele las gracias a su amiga Begoña. Yo creí que mi pensar era vulgar, ahora sé que es poesía. Quiero comprar dos libros, uno para mí y otro para regalárselo a la mujer que amé y que nunca pudo ser mía". A mí me produjo ternura, pero a Begoña le pareció una absoluta ridiculez, "¿a dónde ha ido a parar esto?", me dijo. 


FILVEN Caracas 2014 - Librería del Sur TTC - Oscar Sotillo, Krístel Guirado y Oswaldo A. González

En la presentación del libro en Los Teques, yo me llevé 30 libros. Se hizo a las 3 pm, en el espacio abierto de la estación de metro "Guaicaipuro", y yo estaba aterrada por la hora, lo subido de tono de los poemas y el público desconocido que se detuvo a escuchar la lectura. Cuando terminé, esos desconocidos se acercaron y me compraron todos los libros. Entenderán mi asombro. Si a una lectura asisten 10 amigos cercanos, uno la considera un éxito. ¿Vender todos libros? Eso ni siquiera estaba en mi plan, los había comprado a mis editores -La Mancha ediciones- para regalarlos. Begoña, por supuesto, se burló de mí, de mi ingenua alegría por rozar el borde más distante de la trascendencia.


Promoción FILVEN Miranda 2014


FILVEN Miranda 2014 - Krístel Guirado 

No obstante, la vida me ha permitido callarle la boca, dejarle sus palabras a la altura -no de la oreja como dice Paz- sino de sus caderas para que las oculte donde su ego no encuentre escapatoria. Debí haber filmado su impúdica expresión de imposible -y hacerla pública en todas las redes sociales- cuando le dije que Isaac Morales Fernández había escrito un ensayo y que lo leería en el Coloquio de Poesía Venezolana Contemporánea dedicado a autoras nacidas después de 1958. Se lo lancé en la cara y 'no le di tiempo de lo que fue es nada', "me voy, no cabes en el carro", le dije. Luego le di la copia escrita y ahora ella se solaza en el gusto de leerla y releerla.

El 30 de julio pasado, recibí en mi buzón de correo el escrito que hizo Alberto Hernández de su lectura del poemario. No logro dar con la expresión exacta para agradecerle al poeta amado su "Crónica del olvido". Lo sentí un asunto tan mío, que no le dije nada a Begoña; pero hace cinco días, el 4 de septiembre, dejaron en el muro de mi facebook la noticia de su publicación en el blog del Grupo Li Po. Repito. Ando muy muy emocionada. ¡Demasiado! No dejo de imaginar la cara de Begoña cuando lo lea. La nota, además, está amorosamente diagramada por Dimitri Lipo con dos de esas maravillosas fotografías de Yuri Valecillo que tanto disfruto. No, no dejo de pensar en ella, en mi azogada Begoña, que había rebajado el libro al estatus de stand up erotic, poesía utilitaria que acaso podría recrear escuchas en la tertulias trending topic de los bares culturosos de Caracas. Ahora le dejo esos ensayos publicados en mi blog -y los links al final de esta entrada-, como evidencia de lo injusta y despectiva que ha sido desde que emprendió conmigo este proyecto.

Recital de poesía en "La patana cultural" - Krístel Guirado y Oswaldo Antonio González, acompañados por el Grupo Trebol 


Ensayo





Crónicas del Olvido

AMADA BEGOÑA

-Alberto Hernández-

1.-
Un largo inventario personal da inicio a este libro titulado “Amada Begoña / Antología de voces masculinas” (La Mancha ediciones/ Colección la buena calle, Caracas, 2012), escrito por Kristel Guirado y donde la autora se desdobla y asume la personalidad poética de varios autores, unos identificados con sus iniciales, otros con nombres reales o creados para insuflarle impulso a un poemario en el que ella, Guirado, habla con voz masculina, como un hombre que tiene en el personaje Amanda Begoña a un objetivo amistoso, revelado por la cercanía que comenzó durante sus primeras clases de Letras en la UCV.

[...]

Ella, la “copista”, la diseñadora de acentos, la que se hizo voz bronca para cantarle a Begoña desde Begoña, quizá con la intención de ser Begoña, su “alter ego”.

Fotografía de Yuri Valecillo
2.-
El poemario está dividido en dos momentos: “Amada Begoña”, con poemas escritos por varios “autores”, y “De un tal señor Ariza”, con textos pertenecientes a un solo pretendiente, como afirma Kristel Guirado, y están fundados en la relación amorosa entre Florentino Ariza y Fermina Daza, personajes de García Márquez de la novela “El amor en los tiempos del cólera”.

[...]

El poema siempre ha sido otro yo. La poesía es una elaboración en la que participan todas las personas del poeta. La literatura, todos los géneros, fabrica un yo que se retrae o se expande. Ese alter ego es personaje del poema: porque la poesía es también una narrativa más allá de que se entregue hecho poética. O toda poética tiene en la narrativa un espacio en el que se advierten el yo o los diferentes yos del autor.

En este caso son yos ajenos. Prestados, como todos los personajes de la ficción transformados en entes emblemáticos. Quien escribe esta “antología de voces masculinas” se desnuda completamente para mostrarse como el otro o los otros. O mejor dicho: es el otro sin necesidad de impostar la voz. Es la voz, adquiere la voz del otro. Se la apropia. Y de esta manera crea (lo recrea) al poeta original en la voz atrevida. Es poeta desde quien no se ha enterado que lo están “usando” como ajenitud o como propiedad legítima.


Fotografía de Yuri Valecillo
3.-
La segunda parte recrea una historia del autor de “Cien años de soledad”, la de los personajes, como ya se ha dicho, de “Los amores en tiempos del cólera”, en los que se funda el imaginario de un relato a través de episodios en un evento unívoco de mensajes: los amantes se hacen poetas a través de quien intenta alejarse de ellos en un experimento que funciona, que los aproxima mediante experiencias reconocidas como el cine, el inicio de un atrevimiento, suerte de prólogo donde “las grandes expectativas nunca son satisfechas”.
Se trata de un solo pretendiente, pero la voz de Begoña, la voz distante de la mujer amada, está presenta en su invocación. Muy pocas veces es mencionado su nombre. No obstante, el lector sabrá reconocerse en ella, hacerse mujer a través de la lectura silenciosa que Begoña hace de cada texto.

[...]


La voz del amante no recibe respuesta: en todo caso la respuesta la elabora el lector o el mismo personaje cuando siente que lo leen. En este sentido, la relación unívoca se rompe cuando el lector toma el poema y se lo apropia como una respuesta: sabe que está respondiendo a un sujeto cuyo afán es dirigirse a Fermina/ Begoña, no al lector como tal, pero éste, libre y atrevido, hombre o mujer, revela su capacidad para armar una respuesta.

[...]

Begoña Infante ya no es Begoña. Kristel Guirado ya no es ella misma. Son personajes que flotan entre versos y nunca podrán escapar de ellos mismos. 

*******

Alberto Hernández


Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua.

Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.


Entrevista

El primero se usa como marca de estatus y la segunda por creer que es correcta

“Demasiado” y “a la final” están presentes en el habla de Caracas

12 julio 2015 | 2 Comentarios

“Ningún lenguaje se empobrece” pero “sí creo que se empobrece la comunicación, porque entonces tenemos muchísimas menos herramientas para comunicar lo que queremos decir”, explica Kristel Guirado, investigadora del Instituto de Filología Andrés Bello de la UCV




Cualquiera creería que una docente con la formación que tiene Kristel Guirado, cuando escucha un “demasiado” o un “coye”, haría un juicio de valor sobre la persona que lo pronuncia. Pero la mirada de esta investigadora del Instituto de Filología Andrés Bello de la Universidad Central de Venezuela (UCV) no es de reproche o de superioridad, sino de comprensión. Entender por qué se usan determinadas palabras y en qué contextos es su trabajo de todos los días. Por eso, no se asombra al preguntarle cómo habla la gente en Caracas.


T/ Vanessa Davies
F/ María Isabel Batista


Nota de prensa

Es “un comodín muy especial”

“Coye” es una de las palabras más usadas por los caraqueños cuando hablan

19 junio 2015 |


Las investigadoras Kristel Guirado y María Inojosa encontraron que la emplean todos los sectores sociales. En las jornadas de humanidades que culminaron ayer en la UCV, María Josefina Barajas destacó la especial forma de narrar de Elisa Lerner y Teresa Soutiño disertó sobre el odio y la venganza en Doña Bárbara.


El nombre de la investigación realizada por Kristel Guirado y María Inojosa -de la Facultad de Humanidades y Educación de la UCV- es impublicable debido a las “malas palabras” que lo componen, pero las conclusiones a las que arribaron sí son publicables. Ambas trabajaron los marcadores conversacionales en el habla de Caracas -con expresiones como caramba, cara…, cónchale, mier…, no joda- y encontraron que “coye” es el más utilizado. Le siguen coñ… en segundo lugar, y cónchale en tercer lugar.


Guirado señaló -durante su exposición en las XI Jornadas de Investigación Humanística y Educativa, efectuada en la Escuela de Letras ucevista- que el uso del “coye” es una marca muy nacional. De acuerdo con el análisis que presentó, no está estigmatizado, no suena a cosa vieja. “Se puede emplear en cualquiera de las clases sociales”, sostuvo. Es “un comodín muy especial”.

De “coye” no hay referencia en diccionarios, acotó Guirado, pero es el marcador más venezolano que hay. Se recurre a él para manifestar asombro, concesión, titubeo y súplica, entre otros usos. La utilización del “osea” también es muy criolla, apuntó.

T/ Vanessa Davies
F/ Luis Franco

Ensayo

"Renuncia viril a la mujer nostalgia" Una mirada al poemario AMADA BEGOÑA por Isaac Morales


Publicación en línea

insercion




25/ 02/ 2013 | Categorías: Cuentos
Dejo los cuadernos sobre el mueble y lo pienso un poco. Vengo a la cocina, relleno un pan con mermelada y me sirvo la última taza de café mientras leo en un diccionario:
CEREBELO m. Anat. Parte posterior del encéfalo.
La perra, velándome, da vueltas a mi alrededor y me sigue por toda la casa. Yo, incesantemente, busco una aguja. No la encuentro. Comienzo a hurgar de nuevo, pero ahora en los sitios donde nunca hubiese esperado encontrar alguna. La casa es un verdadero desorden. Vengo a la nevera, levanto una revista y aqui está: el paquete amarillo con dos mujercitas sonrientes que mamá compró la semana pasada. Estoy recordando claramente las últimas palabras del profesor. La perra se apoya en las patas traseras haciendo equilibrio. Como recompensa le doy el pedazo de pan que me queda. La observo. Hace al comer unas muecas exageradas que me causan una vaga gracia. “Es improbable, no deja huellas…”.
He buscado en libros y enciclopedias, pero no encuentro dato alguno sobre la relación tiempo—efecto. No sé si tendré los segundos necesarios para retirar la aguja, pero debo arriesgarme. Repaso mis anotaciones del lunes, el profesor apuntaba: “En la base de lo que nosotros llamamos nuca se forma una especie de hendidura. Si apretamos la cabeza del sapo un poco hacia atrás, lograremos sentirla mejor. Ahora claven la aguja en el centro de la hendidura, exactamente en el centro, y mataremos al sapo sin causarle dolor, de forma rápida y sin dañarlo fisicamente…”.
Guardo estos libros, coloco el paquete de agujas donde lo encontré y dejo sólo la que voy a utilizar. Tomo la bolsa de pan, agarro otro y se lo doy a la perra para entretenerla. Sin pensarlo mucho, palpo entre la cabellera el orificio, me inserto la aguja y, en efecto, tengo tiempo de retirarla y lanzarla lejos.
Del libro: Tacones lejanos (La liebre libre, 1995)

Ensayo

Correo del Corazón: un pretexto para vernos en la mayor oscuridad

Krístel Guirado

(Publicado  la revista Ateno Nº 4 en 1997, en el dossier dedicado a Yolanda Pantín)



"Rogamos a los dioses una tregua o un cambio sutil para la historia"
Alicia Torres



Cuaderno de difusión 96, Fundarte 1985
Cuando asumí el compromiso de hacer unas notas sobre el libro Correo del Corazón, de Yolanda Pantin (FUNDARTE, 1985), pensé hacerlas partiendo solo de mis impresiones. No obstante, como en otras oportunidades, suele sucederme que esa impresión inicial es atravesada por las consecuencias de otro acontecimiento. Una suerte de coincidencia de lecturas que me permite reelaborar mi propio discurso en el devenir de las imágenes que se me revelan en otro autor. En esta ocasión el destino quiso jugarme una buena pasada: leer a Yolanda Pantin a través del discurso crítico de la misma Yolanda Pantin.
Ese acto que llaman amistad, me llevó a la casa del poeta Aly Pérez, en la Villa de San Luis Rey de Cura. Entre una y otra taza de café, emergieron los papeles y, en ellos, un ensayo en particular: "Entrar en lo bárbaro, una lectura de la poesía venezolana escrita por mujeres". Su autora, la señora Yolanda Pantin. Un trabajo sobre el cual no pregunté procedencia, pero que leí en el disfrute de uno a otro costado.

El ensayo (inteligentemente cimentado en la propuesta de Walter Benjamín de crear por y a partir de la barbarie) logra encontrar y orquestar las aristas comunes en los discursos poéticos escritos por mujeres en Venezuela.

Como toda buena chica, educada dama, apenas si sucumbió a la tentación de citarse a sí misma una sola vez en el texto; pero en el azogue donde deviene la historia de la poesía en nuestro país, también se refleja Yolanda.

Ahora, señora, con todo el respeto que usted se merece y con la modestia que mi mano no sabe ocultar, deme la posibilidad, remota en la palabra, de intentar que Correo del Corazón y yo "entremos en lo bárbaro con el paso sin miedo"(1).

Todo pasa igual siempre. Termino de leer un libro y comienzan las preguntas. Fue inevitable la complicidad en la mirada pobre. Tratar de eludir la sonrisita, el morbo, el descubrirse una en "esos tristes retratos de amas de casa de la clase media, patéticas en sus reclamos y costumbres" (2):

Sobre un banco del parque
una pelota roja
las madres con las cestas
en pequeñas bolsas
[...]
Yo las estoy mirando
[...]
now and here
con un gritito salvaje
las madres balancean
sobre una pierna sola

("Now and Here". pág. 52)

¿Quién es la que mira? ¿Cómo es la que mira? ¿Es igual a las mujeres que ve? ¿Dónde empieza, dónde termina el espejo?

La ironía aparece allí, en la intencionada voluntad de escribirse en un cuerpo de imágenes desmitificadoras. que niegan la posibilidad de la mujer como héroe, abandonada en un espacio menos que doloroso:

No hay mujer 
ni madre
en la pulcra quietud de lo que habita 
no hay puerta

("No hay puerta", pág.55)

La mujer como un universo en sí, a la intemperie. Quien habla da algunas coordenadas sobre ese espacio. Tales indicios crean una anatomía aparente que desdibuja la concepción habitual de la mujer, dejándonos apenas un boceto, los trazos de un ser en elaboración. Una ausencia con precisiones. La mirada cínica que revisa ese universo, no solo insiste en exponer lo fragmentario, sino que hábilmente deja ver en un trasluz la solidez de las costuras, los puentes y caminos que, más allá de las conductas, unen las intenciones que entregan el verdadero cuerpo de lo femenino:

te estoy mirando amor por el ojo de la caja
no lo olvides

("El ojo de la caja", pág.51)

Pareciera, entonces, que no hay posibilidad para comunicamos. pues nos conducimos en medio de un sistema de códigos que es adverso a nuestro particular modo de percibir el mundo. Lo miramos todo, siempre, a través del "ojo de una caja":

Una gallarda altiva su nevera
que algunas mujeres se rasuran las piernas
beben café humanamente hablando
                                                          divagan
al abrazo furioso de las telenovelas
como un ósculo prohibido
cuesta abajo en la rodada

("Cuesta abajo", págs. 13-14)

El uso de los lugares comunes, las frases trilladas de boleros y poemas de amor harto conocidos, remarcan el tema del cansancio de la mujer, (ya lugar común también), apoyado en el cansancio mismo de la forma. Este uso se torna irónico. No solo porque el reclamo se toma patético. Aquello que se esconde tras las acciones repetitivas y monótonas, es también lo ocultado tras las frases infinitamente usadas y aparentemente conocidas. Lo que se desconoce de ellas parece ser una fina red de asociaciones que se disponen a un margen y conjugan el código común de la amenaza, que trasciende al alma como una visión de un hecho corporal, para hacerse circunstancia de la palabra, un juego poético.

¿Quién precisa el mensaje en los enunciados de la mujer? ¿.Quién decodifica cuando escribe o piensa una palabra? ¿.Cuando escribe la letra "a"? ¿Cuando observa detenidamente un zapato, un botón? Y un poco más allá, ¿a qué nos convoca una mujer en su gesto más cotidiano? Finalmente, ¿qué convoca una mujer con su silencio?

No hay mácula en su condición aérea
en su espíritu puro
aunque
de la concha rosada de su oreja
surja, como el fuego, la duda"

("Ángel caído II", pág.26)

Imágenes, en el devenir de los textos, que aparentemente nos describen una circunstancia exterior, pero que al mismo tiempo nos descubren las aguas de un espacio interior donde se presiente el terreno cultivado para el virus:

Las mujeres solas no inspiran piedad
ni dan miedo
si alguien se cruza con ellas en mitad de la vereda 
se aparta por miedo a ser contagiado

("Vitral de mujer sola", pág.60)

Intangibles, como la hoja en su caída, eso que al parecer contenemos al tiempo que nos contiene, subyace en la palabra como un misterio. Se intuye sin precisar sus márgenes, sus límites, su trópico de color y calor. Sentencia pronunciada en gestos y acciones, que se hacen imperceptibles al ojo del otro y sólo traducibles para el poeta en un cuerpo de palabras que también amenaza: "la entrada en el territorio de lo bárbaro, de lo desconocido, de lo otro [...] viaje a los extraños paisajes de la interioridad [...] el reconocimiento de la enfermedad y las poderosas imágenes que esta desata" (3).

El reconocimiento de la enfermedad nos lleva a buscar esa barbarie más allá de una voz, de un tema y se busca la visión en la forma misma. Se comienza a rebajar, recrudecer. a desacralizar las imágenes del discurso poético:

La joven señora de roja cabellera
devora su uña derecha
desde hace 17 años
ese goceque en su ínfima tragedia
siente hambre y miedo

(Pág.50)

En el devenir de la experiencia real, hemos llegado a la experiencia de la palabra. Entonces sentimos hambre y miedo y cansancio. Como dice el epígrafe de Virginia Woolf, quien mira a través del ojo de una caja parece estar harta de nombrar la palabra mujer. Quien mira, a través del ojo de una caja, quiere atropellar la palabra, dejar de nombrar el vacío de la experiencia, comenzar a crear a partir de allí, desde la intemperie misma de la imagen, desde lo patético de la situación, revelando para la poesía el sistema de códigos que nos ha acompañado siempre.

Si tuviera que decir algo más diría: "el mar está en calma", mientras en algún lugar una mujer se escribe con la "puta esperanza" de rezar el epígrafe de estas anotaciones como un credo.

Citas
(1),(2),(3)- Pantin, Yolanda. "Entrar en lo bárbaro, una lectura de la poesía venezolana escrita por mujeres", material inédito.

Ensayo

Las inútiles rosas del tiempo

Juegos frente al espejo

Jesús Morín Pereira



(Publicado en el Diario El Periódico, Maracay, el domingo 22 de diciembre de 1996)

a Krístel Guirado


Se trata de mirarse, cualquiera sea la razón de mirarse frente a ese desplazamiento figurativo que nos da nuestra propia imagen. El elemento y el exceso.

Un código que sólo entiende quien está frente a él. 

Algunos elementos, algunos vidrios, ciertos rayos de sol, producidos por la diaria tarea de hacer un nuevo reino.

Esa compleja empatía entre el cristal y nosotros, lo que volvemos a repetir: figura tras figura, pose tras pose Una especie de orfebrería dinámica del diario acontecer.

Asumimos frente al espejo ese brillo no existente, una energía desprovista de toda verdad, de toda virtud.

El cuerpo se hincha y encoge, nos mantenemos largo rato. A riesgo de que en algún momento el objeto estalle irremediablemente.

Esta condición de ser, del doble que somos, nos permite entender por qué el escritor da tantas vueltas.

Muy probablemente sea esto, el punto de partida de la estética, la búsqueda y la conexión, el conjunto. Esa ilusión de perfección, cierta figuración del hecho o para testimoniar lo escrito de forma perfecta. Que a no dudarlo es audacia escritural.

Escribir es un acto de mirar, fotografiar. Una radiografía interior que supone el oscuro del yo, probablemente no convincente, pero tangible una vez que se ha hecho verdad sobre el papel.

Escribir sustenta la casa, la iglesia y el pasado, pero por sobre todo da esa condición de movilidad sobre lo que elegimos. Es un sueño vivido: lo deseado, esa cosa común y simple que nos delata y cuyas complicaciones sobre el papel se convierten en detalles a pie de letra.

Escribir es hacer que la mano vaya en sentido contrario a lo que el cerebro automáticamente nos señala, no debe escribirse sin esa condición ordenada del desorden, debe partirse del caos.

Materializar las ideas, en el contexto de las torpezas. Escribir, si es posible, con las manos atadas y frente a un espejo hecho trizas, desconectado de toda realidad virtual, de todo parentesco posmodemo. Porque detrás de lo que viene, sólo existen duermevelas.

Mañana somos escritores del siglo pasado. O sea, si vienes es porque yo estoy, si soy es porque existimos.

Una mayéutica socrática de ser y no ser al mismo tiempo.


*******



Jesús Morín Pereira

Nació en Valle Morín, estado Aragua el 25 de julio de 1954. Es poeta, narrador y articulista. Es profesor de Ciencias Sociales, egresado de la UPEL-Maracay.

Ha publicado Estación desnuda (1995), Contravoces (1997), Memorias del vino (1998), Poemas de carabandal (2002), El tallo de la adelfa: crónicas del patio hacia la calle (2011).

Crónica

La Villa de San Luis Rey de Cura

Los zapatos de Van Goh

Krístel Guirado

(Publicado en el Diario El Periódico, Maracay, el domingo 11 de agosto de 1996)




Me pregunto dónde está el pueblo. Acaso en la ventana de la señorita Caridad, en sus ochenta años de peluca y asentaderas postizas. El mito de la almohada y la calva.

El pueblo también podría estar en el nunca blanco de la iglesia matriz, en el purgatorio donde reposan trozos de altar y restos de santos que arrumados esperan la prometida restauración. En el rostro perfecto de San Luis Rey.

Habita el pueblo en la casa de Boves, la casa del Santo Sepulcro. Residencia común de lo sagrado y lo profano.

Los cuadros vivos de la Peregrinación me nombran al pueblo, pero no lo encuentro.

Alguien cuenta de la existencia de tres aguas que lo cruzaban y la voz de una poeta nos recuerda la leyenda de un Toro encantado.

Los nombres de las calles y las esquinas ya no son los mismos. Las calles son la calle y todas son una. La calle, sin embargo, no es la del pueblo. Las casas ya no se heredan y en ellas ya no habita la familia. Todo luce perdido en una noche. 

Yo pienso en el pueblo que ya no existe, mientras camino entre emigrantes extranjeros y trajinados rostros urbanos que en la huida van borrando el perfil de la provincia.

Entonces, en el instante del desconocimiento, veo a Aníbal. Aníbal eterno, golpeando su cabeza contra los postes de luz, llorando a todos los muertos, desdibujando su locura en la ternura de los niños. 

Aníbal me asalta la visión cotidiana y me devuelve el pueblo entero, allí, en el mecate con el cual sostiene sus pantalones y en los zapatos de Van Goh que deja siempre olvidados en alguna de las esquinas que conforman la plaza Miranda.



Ensayo

LA HORA DIBUJADA

Krístel Guirado


(Publicado en el Diario El Periódico, Maracay, el domingo 19 de diciembre de 1993)


Aunque conocía tres textos a través de la Revista Imagen del año 91, Bestias de superficie llega adulto a mis manos, gracias a ese librito (como dice el poeta José Manuel Morgado) que publicó la Editorial La liebre libre. Por cierto, un hecho que nos extraña a muchos: ¿Alberto Hernández, el poeta Alberto Hernández, publicado en la Colección Cantos iniciales? Pero bueno, dejemos eso a los críticos de políticas editoriales, a nosotros lo que nos apasiona es la literatura, ese espacio donde se lee y se escribe, donde el hombre inventa un interlocutor para escuchar o para decir algo. Decir, por ejemplo, que no pensamos que Bestias de superficie sea el canto inicial de un poeta como Alberto Hernández, pero sí estamos convencidos de que resulta una lectura iniciática para todo aquel que se anote en la aventura de leerlo. 

Ya no estamos frente al zoológico de metáforas donde un poeta nos dice: juguemos a que el animal sea “esto”, porque yo lo digo. Ahora la voz del poeta está prestada. Podría decirse que el animal mismo habla y confiesa, si no fuera porque traicionaría, con ese acto, el único código que le es propio: el silencio. La poesía, espacio de conocimiento, se hace voz en este poemario para desnudarnos al animal y mostrarnos la verdad, no de lo que pudo o podría ser, sino de lo que siempre ha sido.

Los animales, creados al principio de todo, entre los astros y la naturaleza, conocen el ritmo exacto de los primeros y los rencores que guarda la segunda. El hombre, oficiante de la muerte, no sabe de urdimbres y venganzas. No le interesa dar con la “solución del enigma del universo”, como refiere Ramos Sucre en su poema “La verdad”. Eso solo le interesó a un sabio astrónomo, estudioso de lo que se eleva sobre él, y por ello le fue revelado. 

Alberto Hernández, ¿qué te dijeron las golondrinas? ¿Cuál es el nombre del planeta que decreta el día, o acaso es la misma luna como dice Rosana Hernández Pasquier? ¿Dónde está dibujada la hora, en los ojos del sapo o del gato, en las manchas del felino o en la textura repetitiva de una tortuga?

Recorro Bestias de superficie una y otra vez, en espera de una respuesta, pero desde sus páginas los animales parecen murmurar, como a Poe una vez: Never more! Never more!

Mis publicaciones - Referencias bibliográficas y enlaces

Publicaciones Literarias

LIBROS

2012.  Amada Begoña: Antología de voces masculinas. Caracas: La mancha.
- 2006. Los juguetes más grandesCOFAE.
- 2006. Tres textos para teatro. El perro y la rana.
- 1999. San Ignacio es un lugar común. Alcaldía de Ribas y Senderos Literarios.
- 1996. Las inútiles rosas del tiempo. Biblioteca Municipal.
- 1995. Tacones lejanos. La Liebre Libre.
- 1993. Quebrantos. Secretaría de Cultura de Aragua.

PARTICIPACIÓN EN ANTOLOGÍAS
- 1997. Carta para contar la historia que se enrolla sobre sí misma y forma círculo como la serpiente que se muerde la cola. Narrativa de Aragua. Secretaría de Cultura de Aragua.

ARTÍCULOS
- 1997. Correo del corazón: un pretexto para vernos en la mayor oscuridad. Revista Ateneo IV. 

EN LÍNEA
- Inserción. Ficciónbreve venezolana, I. Caracas: Fundación El laberinto de letras.
Inserción. En Entremes literarios (XCII)«». Buenos Aires: El jinete insomne (Blog).
- La hora dibujada. En Perras páginas;«Alberto Hernández». Maracay: Alberto Hernández (Blog).


Publicaciones Lingüísticas
LIBROS
- 2009. (De)queísmo: uso deíctico y distribución social en el habla de Caracas [Premio a la Investigación 2005 de la FHE-UCV]. CEP - FHE-UCV.

CAPÍTULO DE LIBRO
- 2015. Marcadores discursivos de Caracas. En Valencia, Alba y Alejandra Vigueras (coords.). Más sobre marcadores hispánicos: Usos de España y América en el corpus de estudios de la norma culta. México D.F.: UNAM.
- 2014. Marcadores del discurso de Caracas [con Paola Bentivoglio e Irania Malaver]. En Alba Valencia (Coord., Ed.), Marcadores discursivos en la norma culta hispánica: 1964-2014. Cuadernos de la ALFAL. 43-68.


ARTÍCULOS
- 2005. La variación entre para~pa en el habla de Caracas [con Paola Bentivoglio y Guillermina Suárez]. Homenaje a José Joaquín Montes Giraldo. Estudios de Dialectología, Lexicografía, Lingüística general, Etnolingüística e Historia Cultural, 214-237. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

RESEÑAS